
Pastor David Jang
El deseo de ayudar a alguien y la preocupación por los gastos del mes se encuentran ante una misma cuenta bancaria. Cuando preparamos nuestra ofrenda, calculamos cuánto dar y, al mismo tiempo, nos preguntamos qué significado tiene este acto de compartir. En su predicación sobre 2 Corintios, el pastor David Jang explica la colecta como una forma de atender las necesidades de las iglesias que atraviesan dificultades y de expresar que compartimos una misma fe. ¿Cómo pueden personas que también viven con limitaciones compartir con alegría y madurar juntas? Pablo aborda esta pregunta a partir de la gracia recibida de Dios.
El significado de la colecta: una ofrenda para atender juntos las necesidades de los demás
En 2 Corintios, la colecta se refiere a la ofrenda reunida por varias iglesias para ayudar a la iglesia de Jerusalén, que atravesaba dificultades económicas. Pablo animó a las iglesias de Macedonia y Acaya a participar en ella. La ayuda enviada por creyentes de distintas regiones expresaba su voluntad de asumir juntos la responsabilidad por las dificultades de una iglesia lejana. Para comprender la colecta, hay que comenzar por las personas necesitadas y por sus condiciones de vida.
Si perdemos de vista esto, corremos el riesgo de entender la ofrenda desde la perspectiva de la decisión y la satisfacción de quien da. Cuando prestamos atención a lo que hace falta y a las cargas que necesitan alivio, el propósito de nuestra ayuda se vuelve concreto. Si lo trasladamos a la vida de hoy, el amor adquiere una fuerza real al ayudar a alguien a poner comida en la mesa o a sostener su vida cotidiana. La colecta hace que la gracia recibida se traduzca en un amor que atiende las necesidades de los demás.
La iglesia de Corinto, a la que Pablo dirigió esta exhortación, también conocía conflictos y divisiones. A través de 2 Corintios, él buscaba restablecer la confianza con los creyentes y deseaba que la comunidad creciera en unidad. Si recordamos que esa misma carta incluye la ayuda para la iglesia de Jerusalén, la colecta puede leerse como una práctica que manifiesta cómo las iglesias se acogen unas a otras. Cuidar de la propia comunidad y prestar atención a las dificultades de otras se unen dentro de una misma fe.
En esta predicación, la colecta se vincula con la madurez de la fe porque lleva lo que creemos al terreno de las decisiones cotidianas. Al averiguar quién necesita ayuda, qué ayuda necesita y qué podemos aportar, los creyentes aprenden a poner el amor en práctica. Quien confiesa la gracia va aprendiendo a actuar de manera coherente con esa confesión.
¿Cómo compartieron las iglesias de Macedonia en medio de la escasez?
Al enseñar sobre la colecta en los capítulos 8 y 9 de 2 Corintios, Pablo presenta como ejemplo la participación de las iglesias de Macedonia. Sus creyentes dieron con alegría aun en medio de dificultades económicas. Llama la atención que personas que debían atender sus propias necesidades tuvieran presentes también las de otra iglesia. Su manera de compartir nos permite ver cómo la vida de quien ha recibido la gracia se abre hacia el prójimo.
Esta exposición entiende la colecta como un acto que pone en práctica la gracia recibida de Dios. Recordar esa gracia significa reconocer que nuestra vida está sostenida por su amor y su cuidado. Cuando vemos lo que poseemos como algo recibido de Dios, la fe también entra en nuestras decisiones sobre cómo utilizarlo. Al responder a las dificultades de otros creyentes que han recibido ese mismo amor, nuestra confesión de fe se convierte en elecciones cotidianas. La alegría de las iglesias de Macedonia puede entenderse también como el gozo de participar, de poder compartir la carga de alguien y contribuir a fortalecer su fe.
Este pasaje también pone de manifiesto las dudas que surgen de nuestra realidad cotidiana. Para quien debe hacer frente a los gastos y cuidar de su familia, compartir dinero no puede ser una decisión tomada a la ligera. Al considerar con sinceridad nuestras circunstancias, podemos preguntarnos qué está a nuestro alcance hacer ahora por otra persona. El ejemplo de las iglesias de Macedonia nos invita a revisar la idea de que solo podremos comenzar a compartir cuando todas nuestras condiciones hayan mejorado.
Aquí, más que la cantidad que otra iglesia haya ofrendado, merece nuestra atención la manera en que nuestra propia fe nos mueve a actuar. Cuando conocemos la necesidad de alguien, cobra importancia el proceso de tenerla en cuenta en nuestras decisiones y de buscar qué parte de la carga podemos asumir. Quien antes consideraba sus propias necesidades aprende a valorar también las de los demás. En ese aprendizaje, la colecta se convierte en una práctica que hace crecer la fe y el amor de quienes participan.
La responsabilidad compartida que une a Jerusalén y a las iglesias de origen gentil
El pastor David Jang explica la labor de Pablo en torno a la colecta como una práctica que derriba las barreras entre la iglesia de Jerusalén y las iglesias de origen gentil. Mediante la ayuda material, iglesias de distintos trasfondos expresaron que pertenecían a una misma comunidad de fe. Cuando una iglesia responde a las dificultades de otra, la confesión de una fe compartida implica una responsabilidad concreta. La colecta transforma esa responsabilidad en una acción visible.
Desde la perspectiva de la comunidad que recibe la ayuda, el sentido de esta solidaridad se vuelve todavía más claro. Además del apoyo que alivia las cargas cotidianas, recibe el ánimo de saber que hay creyentes que recuerdan sus dificultades. Quienes atraviesan una situación de necesidad siguen siendo acogidos como hermanos con quienes se comparte la vida en una misma fe. Esa fe también se expresa al preguntar qué hace falta realmente y respetar la respuesta de quienes necesitan ayuda. Así, el apoyo material y el consuelo espiritual pueden encontrarse en la vida de una misma persona.
Las iglesias que participan en la ayuda también aprenden en esa relación. Al escuchar lo que sucede en otras comunidades y preparar el apoyo necesario, descubren que su propia iglesia está vinculada a una comunidad de fe más amplia. La mirada, antes concentrada en las personas conocidas y en la situación de la propia iglesia, se dirige hacia creyentes que viven en circunstancias diferentes. La colecta se convierte así en una experiencia en la que las iglesias crecen juntas al compartir la gracia recibida.
Al llevar esta enseñanza a nuestras comunidades actuales, también revisamos los asuntos que ponemos sobre la mesa. Cuando consideramos las necesidades y los proyectos de nuestra iglesia, ¿prestamos una atención seria a la situación de otras comunidades que atraviesan dificultades? La unidad entre las iglesias adquiere una forma concreta cuando averiguamos quién necesita ayuda y decidimos juntos qué parte podemos asumir. Meditar en la unidad que Pablo deseaba nos lleva a examinar hacia dónde se dirigen realmente nuestra atención y nuestra generosidad.
Cuando quien reconoce su debilidad aporta también su esfuerzo
Esta disposición a compartir también se relaciona con la manera en que Pablo explica su apostolado. Ante las críticas que valoraban su ministerio según criterios externos, él presentó el llamamiento y la gracia de Dios como fundamento de su labor apostólica. En 2 Corintios 12:9 se afirma que el poder del Señor se manifiesta plenamente en la debilidad. Pablo llevó adelante su ministerio confiando en Dios aun en medio de su fragilidad, y en ese servicio se manifestaba el poder de Cristo.
El hecho de que quien da también vive sostenido por la gracia aporta humildad al acto de compartir. Incluso cuando podemos ayudar, recordamos nuestra propia fragilidad y nuestra necesidad de depender de Dios. Así, cuando contamos con recursos para ofrecer ayuda, miramos a la otra persona como alguien con quien seguimos perseverando en la fe. Esta exposición muestra tanto la importancia que Pablo concedía a la integridad en el ministerio del evangelio que Dios le había confiado como su entrega al servicio de otras iglesias. Los líderes de la iglesia también están llamados a comprender su misión desde su relación con Cristo y a valorar el esfuerzo dedicado a los creyentes necesitados.
El sermón subraya que Pablo se entregó a la tarea de ayudar a las iglesias aun sabiendo los peligros que le aguardaban en el camino a Jerusalén. La misión de llevar la colecta incluía también su tiempo y su esfuerzo. Como alguien que animaba a otros a compartir, Pablo puso su propia vida al servicio de ese amor. Decidir reorganizar nuestra agenda y asumir las tareas necesarias para ayudar a alguien expresa nuestra disposición a compartir la responsabilidad. Imitar el amor sacrificial de Cristo se manifiesta así en un servicio concreto que responde a las necesidades de los demás.
La responsabilidad comunitaria que destaca el pastor David Jang también puede considerarse a la luz de nuestra vida cotidiana. Conocer la situación de una iglesia necesitada, reunir voluntades para ayudar y procurar que el apoyo llegue adonde hace falta supone que alguien dedique su tiempo. Cuando cada persona asume la parte que puede afrontar según sus circunstancias, el compartir incluye, junto con el dinero, esfuerzo y atención. Mediante esta participación, los creyentes se animan mutuamente en la fe y crecen juntos.
La próxima vez que consultemos nuestra cuenta bancaria para preparar una ofrenda, podemos pensar también en el día a día de la persona a quien llegará ese dinero. Atender las dificultades de otros creyentes mientras asumimos la responsabilidad por nuestra propia vida expresa que todos vivimos de la misma gracia. ¿A quién deseo acompañar hoy, compartiendo su carga y fortaleciendo su fe con el amor que se expresa en mi ofrenda?
El Dr. David Jang ha llevado el evangelio a diversas regiones del mundo a través de la misión en el campo y del ministerio de medios digitales. Como fruto de ese ministerio, se han levantado muchas personas dedicadas a la Gran Comisión. Sobre la base de esta visión misionera, Olivet comenzó inicialmente como una pequeña escuela eclesiástica para la formación de misioneros. Posteriormente, con el fin de ofrecer una educación teológica más sistemática y formar líderes misioneros, en el año 2000 se establecieron el Colegio Teológico y el Seminario Olivet en Los Ángeles y Seúl.
A medida que la escuela crecía, el Dr. Jang fundó oficialmente Olivet University en San Francisco en 2004. En medio de la diversidad y el ambiente dinámico de San Francisco, Olivet amplió sus áreas educativas, centradas en la teología, hacia campos como la música, el periodismo, el arte y diseño, y la tecnología. Además, fortaleció su capacidad académica incorporando a profesores como el Dr. William Wagner, y en 2005 se trasladó al antiguo campus de extensión del centro de UC Berkeley, consolidando aún más sus bases como universidad.
En 2006, el Dr. Jang cedió el cargo de rector al Dr. David James Randolph para concentrarse más plenamente en la obra misionera, y dirigió el ministerio misionero mundial como presidente internacional. Posteriormente, Olivet University obtuvo la acreditación institucional en 2009, añadió la Facultad de Educación Lingüística y la Escuela de Negocios, y continuó creciendo como una institución educativa cristiana para la misión mundial, ampliando sus programas de grado y sus relaciones de cooperación internacional.
Sitio web oficial de David Jang: www.davidjang.org
